La gran mentira de la innovación

En EVM concebimos nuestro blog como una medio de comunicación corporativa pero también, y tal vez le damos más importancia a esto, como una herramienta de colaboración para interactuar activamente con los empleados, la dirección, colaboradores, clientes, proveedores e incluso con nuestra competencia. Fruto de este enfoque decidido lo consideramos un espacio abierto para que aquellos que desean dar su punto de vista sobre temas que nos interesan, puedan hacerlo con total libertad. Hoy presentamos el artículo de un colaborador, nuestro amigo Javier Rodríguez. Te animamos a que continúes su iniciativa.

La gran mentira de la innovación
Javier Rodríguez. Gestor Cultural

I+D+i… + otas -y perdonen la broma-.

Así, como idiotas* -es decir, siguiendo el camino sin voluntad ni criterio propios- se conducen muchas organizaciones y quienes las gestionan. Cuando les dicen que toca la internacionalización, se lanzan a ciegas a la aventura; cuando se impone en el mercado, es el momento de las TIC, sea lo que sea; cuando hay subvenciones que lo justifiquen, es el momento de la innovación… Sin filtro, únicamente porque toca hacerlo.

La innovación es la i, minúscula, de la fórmula y los idiotas son el resultado de considerar minúscula esa variable. Porque no debe existir -y casi nunca puede- la innovación como reacción a otra cosa que no sea la actitud.

Supongamos -que es mucho suponer- que la aptitud se tiene. A partir del conocimiento, no es suficiente la intención de adoptar como propios hábitos que funcionan en otras organizaciones que, por lo general, son modelos de funcionamiento. Poner un futbolín en la sala de juntas no es lo mismo que flexibilizar las condiciones de trabajo ni te convierte en Google.

A poco que prestes atención, podrás escuchar que algunos proponen invertir en innovación (que no es otra cosa que la creatividad disfrazada de profesional) como si de comprar un software se tratara. Son las personas las creativas y las organizaciones deben limitarse, nada más y nada menos, a ofrecer las condiciones para que esa creatividad desemboque -o no- en un producto o servicio con que enfrentarse a los mercados.

Estimados gestores de los recursos de su organización (sea cual sea, tenga las dimensiones que tenga)… ¿Saben las personas que trabajan para usted (eso que ustedes llaman Recursos Humanos) que son creativas? Es más, ¿saben que la creatividad relacionada con su puesto de trabajo es una opción?, ¿les ofrece las herramientas para desarrollarla?, ¿ha diseñado su empresa los procedimientos que faciliten, estimulen y recompensen las propuestas ‘creativas’?

Hagan todo eso, confíen en el potencial de las personas que han seleccionado, entiendan que una solución creativa a un problema es una inversión, desarrollen los resultados de los procesos creativos que sean viables y tendrán ustedes la innovación que buscan. Pero háganlo porque creen en ello, no porque esté de moda. Si en una ocasión poner un palo a un caramelo se convirtió en una solución con alta rentabilidad, ¿por qué no permitir y favorecer la aparición de ese tipo de propuestas?

Las gentes de EVM -a quienes descubrí hace un tiempo- predican con el ejemplo y comprenden que no hace falta dedicarse a la escultura para ser creativo. Las relaciones entre las personas que integran las organizaciones, el contacto con los clientes, el marketing, la comunicación, las fuentes de financiación e inversión… Todos son elementos susceptibles de potenciarse a través del uso de herramientas de creatividad que concluyan en innovación pero, por favor, que sea con mayúsculas.

Pensar que tener una idea es innovar es como creer que tener una erección es tener sexo.

Javier Rodríguez. Gestor Cultural

En EVM concebimos nuestro blog como una medio de comunicación corporativa pero también, y tal vez le damos más importancia a esto, como una herramienta de colaboración para interactuar activamente con los empleados, la dirección, colaboradores, clientes, proveedores e incluso con nuestra competencia. Fruto de este enfoque decidido lo consideramos un espacio abierto para que aquellos que desean dar su punto de vista sobre temas que nos interesan, puedan hacerlo con total libertad. Hoy presentamos el artículo de un colaborador, nuestro amigo Javier Rodríguez. Te animamos a que continúes su iniciativa.

La gran mentira de la innovación
Javier Rodríguez. Gestor Cultural

I+D+i… + otas -y perdonen la broma-.

Así, como idiotas* -es decir, siguiendo el camino sin voluntad ni criterio propios- se conducen muchas organizaciones y quienes las gestionan. Cuando les dicen que toca la internacionalización, se lanzan a ciegas a la aventura; cuando se impone en el mercado, es el momento de las TIC, sea lo que sea; cuando hay subvenciones que lo justifiquen, es el momento de la innovación… Sin filtro, únicamente porque toca hacerlo.

La innovación es la i, minúscula, de la fórmula y los idiotas son el resultado de considerar minúscula esa variable. Porque no debe existir -y casi nunca puede- la innovación como reacción a otra cosa que no sea la actitud.

Supongamos -que es mucho suponer- que la aptitud se tiene. A partir del conocimiento, no es suficiente la intención de adoptar como propios hábitos que funcionan en otras organizaciones que, por lo general, son modelos de funcionamiento. Poner un futbolín en la sala de juntas no es lo mismo que flexibilizar las condiciones de trabajo ni te convierte en Google.

A poco que prestes atención, podrás escuchar que algunos proponen invertir en innovación (que no es otra cosa que la creatividad disfrazada de profesional) como si de comprar un software se tratara. Son las personas las creativas y las organizaciones deben limitarse, nada más y nada menos, a ofrecer las condiciones para que esa creatividad desemboque -o no- en un producto o servicio con que enfrentarse a los mercados.

Estimados gestores de los recursos de su organización (sea cual sea, tenga las dimensiones que tenga)… ¿Saben las personas que trabajan para usted (eso que ustedes llaman Recursos Humanos) que son creativas? Es más, ¿saben que la creatividad relacionada con su puesto de trabajo es una opción?, ¿les ofrece las herramientas para desarrollarla?, ¿ha diseñado su empresa los procedimientos que faciliten, estimulen y recompensen las propuestas ‘creativas’?

Hagan todo eso, confíen en el potencial de las personas que han seleccionado, entiendan que una solución creativa a un problema es una inversión, desarrollen los resultados de los procesos creativos que sean viables y tendrán ustedes la innovación que buscan. Pero háganlo porque creen en ello, no porque esté de moda. Si en una ocasión poner un palo a un caramelo se convirtió en una solución con alta rentabilidad, ¿por qué no permitir y favorecer la aparición de ese tipo de propuestas?

Las gentes de EVM -a quienes descubrí hace un tiempo- predican con el ejemplo y comprenden que no hace falta dedicarse a la escultura para ser creativo. Las relaciones entre las personas que integran las organizaciones, el contacto con los clientes, el marketing, la comunicación, las fuentes de financiación e inversión… Todos son elementos susceptibles de potenciarse a través del uso de herramientas de creatividad que concluyan en innovación pero, por favor, que sea con mayúsculas.

Pensar que tener una idea es innovar es como creer que tener una erección es tener sexo.

Javier Rodríguez. Gestor Cultural

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